después de mucho tiempo, adquieren un valor simplemente anecdótico. Cuando uno de esos libros, en el transcurso de unos años, vuelve a caer en nuestras manos, sentimos un gran impulso de alegría y decimos para nuestro capote: «¡Gracias a Dios que hemos dado con un libro ameno! ¡Éste sí que es divertido!». Pero según avanzamos en la lectura, nos llamamos a engaño, considerándonos defraudados. ¡Pero es posible! ¡Si cuando lo leímos la primera vez nos encantó! ¡Y vemos con asombro que aquel libro ha envejecido atrozmente, que todo lo que antes nos pareció delicioso ahora nos aburre, y dejámoslo caer con un bostezo; es viejo ya y no tiene aun el interés documental. Y es así porque trátase de un conflicto artificial, creado por una «manera» de vida convencional, porque no es humano. Quiero decir, que los lances pueden parecernos momentáneamente divertidos, pero el pensamiento fundamental no se basa en una de esas eternas leyes como tales comunes a todos los tiempos y a todos los pueblos._ _Existen, en cambio, obras que no nos parecen tan divertidas, que hasta leemos con cierta dificultad (si confesamos la verdad, no siendo profesionales, eruditos o no teniendo el espíritu muy predispuesto a ello, todas las obras maestras se nos hacen un poco fatigosas de leer), pero que dejan una huella duradera en nuestro espíritu, que recordamos en momentos dados, por sus raras concomitancias con nuestro estado anímico, y que cada vez que son leídas se saborean con mayor delectación, sencillamente por eso, porque son «humanas», porque las pasiones que hay en sus páginas no son privativas de éstos o los otros, sino comunes a toda la humanidad, a todos los tiempos._ _«Manon Lescaut», que es además una delicia de gracia, de viveza y de color, pues que casi ayuna de descripciones, «sugiere» a maravilla el XVIII francés y revélalo en una serie de estampas mitad sentimentales, mitad libertino-burlescas, es una novela eterna, porque es la novela del amor por excelencia. Podrán autores después habernos dado otros libros en que la tragedia del amor sea más sombría, más violenta, más recargada de tintas, en que se pinte el descenso hacia la vileza, la miseria y la muerte por la pendiente de las pasiones con más brío, pero eso no quitará lozanía a la jugosa narración del abate Prévost, que, justamente en su sencillez, lleva su encanto de verdad._ _¡Manon, deliciosa muñeca que no eres ni perversa, ni liviana, ni abnegada, ni apasionada, y que, sin embargo, lo eres todo, porque eres «atrozmente» femenina! ¡Caballero Des Grieux que amas y ofrendas tu vida, que sabes envilecerte conservando en la vileza tu innato señorío, qué reales os ofrecéis a nosotros!_ _Todo, todo es en estas páginas de una pasmosa certeza; todo está lleno de amorosos apotegmas, «El amor es o no es desde el primer momento»; y el futuro caballero de Malta ama a Manon desde que la ve ante aquella deliciosa posada que tiene el encanto de un grabado de la época. «En todo amor, uno ama y otro se deja amar»; es el caballero Des Grieux el que ama. Manon se deja amar de él, se deja amar y es liviana y egoísta, y ambiciosa y cruel y mentirosa, y encuentra las argucias perversas de todos los que no aman; «la fidelidad que quiero de vos es la del corazón; la otra no me importa». «En toda historia de mujer hay un collar»; y un collar de perlas hay en la de Manon Lescaut._ _Y si verdad es ella, no menos verdad es él, con sus renunciamientos, sus abdicaciones, sus cobardías y las ficciones...
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George Ramirez
9 months agoI didn't expect much, but the arguments are well-supported by credible references. This story will stay with me.