tablas del puente de madera, casi anegado por el ímpetu de la corriente. Todavía engaña mi memoria á los sentidos, y trae al olfato el virgiliano perfume de las colmenas suspendidas sobre el río Avieiro, ó el olor de la madura pavía y racimo almibarado, y al paladar el dejo de la miel y de las azucarosas castañas, y al oído el són de la gaita triste, de la dulce flauta y el hinchado bombo, y á los ojos el verdinegro matiz de los pinares contrastando con la fresca verdura ó el rojo tostado de las parras... Reminiscencias más vivas para mí que las de países muy celebrados, verbigracia Suiza y Venecia: y no porque estas lindas comarcas del riñón de Galicia superen en hermosura, como erróneamente suele decirse, á Helvecia y á Italia, sino porque poseen el hechizo inestimable de la virginidad, y aún no se poblaron de _hoteles_, ni las ensalzaron _Guías_, ni las desfloraron pacíficos viajantes en trenes de recreo, ni andan en cosmoramas, ni apenas en _Ilustraciones_. _El Indulto_ no es más que un _sucedido_, como diría Fernán Caballero: sucedido que me contaron en Marineda y yo apunté sin quitar una tilde. Apenas vió la luz en la difunta _Revista Ibérica_, fueron atribuídas al _Indulto_ intenciones trascendentales, afirmando que tenía mucha miga y planteaba toda especie de problemas sociales, morales y jurídicos, y ponía en tela de juicio no sólo el derecho de indulto, sino la indisolubilidad del matrimonio. Celebro esta ocasión de protestar. Tendrá _El Indulto_ esa miga que dicen; entrañará un problema ó media docena de ellos; pero en Dios y en mi ánima declaro que no lo hice adrede, ni es culpa mía si me refieren un drama popular, y me impresiona, y lo traslado á las cuartillas, sin comentarios. Surgirán acaso del hecho en sí esas cuestiones pavorosas y terribles: los hechos suelen jugar malas partidas á las teorías, y conflictos hay en la pícara realidad que el diablo que los resuelva, cuanto más el artista, obligado únicamente á no eliminar de sus obras ningún elemento importante, como, por ejemplo, lo que llaman _trascendencia_. En _El Rizo del Nazareno_ y _La Borgoñona_ me he desviado del camino de la observación, pagando tributo á mis perennes inclinaciones místicas, al deleite difícil de expresar, y entretejido con dulces melancolías, que me causa la contemplación de objetos donde se revela y encarna el sentimiento religioso. Cierta noche del Jueves Santo, estuvo á punto de sucederme lo que al protagonista del _Rizo_; quedarme cerrada en la iglesia, por embelesarme en mirar la severa y dolorida y sublime imagen del Divino Nazareno, que jamás he visto sin sentir devoción profunda, tal es el poder de sus mansos ojos y lo patético de su actitud. Esta efigie y la de la Virgen de los Dolores, que en el mismo templo se venera, gozan del privilegio de moverme á contrición en grado muy subido, y como son aquí las más amadas del pueblo, la atmósfera de la capillita y del camarín llamado de _Dolores_ parece que está palpablemente saturada de oraciones fervorosas, en los días de Semana Santa. Y ríase quien se ría, que esto es tan _real_ como _El Indulto_. Al consultar los libros indispensables para mi _San Francisco de Asís_, encontré el asunto de _La Borgoñona_, con otros muchos semejantes, que se destacaban de la monotonía de las crónicas, lo mismo que las letras mayúsculas de color descuellan sobre los negros y uniformes caracteres góticos de un viejo libro de coro. Ya es una doncella prometida á Dios, á la cual obligan á tomar marido y al...
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Paul Lee
2 months agoVery interesting perspective.